Cartas de san Pablo
Primera epístola a los Tesalonicenses
1Por lo cual, no ya sufriendo, plúgonos ser dejados en Atenas solos; 2y hemos enviado a Timoteo, el hermano nuestro y ministro de Dios en el Evangelio del Cristo, para confirmaros y exhortar sobre vuestra fe; 3para que nadie se conturbe en estas tribulaciones; que vosotros mismos sabéis que a eso puestos estamos. 4Porque también, cuando con vosotros estábamos, os predijimos que hemos de ser atribulados; así como también sucedió, y sabéis. 5Por esto también yo, ya no sufriendo, envié a conocer vuestra fe, no fuese que os hubiera tentado el que tienta; y vana se haga nuestra fatiga. 6Mas, acabando de venir Timoteo a nosotros de vosotros y bien anunciándonosa la fe y la caridad de vosotros, y que tenéis memoria de nosotros buena siempre, anhelando vernos; tal como también nosotros a vosotros; 7por esto, nos hemos consolado, hermanos, en vosotros, en toda la necesidad y tribulación nuestra, por vuestra fe; 8pues ahora vivimos, si vosotros os estáis en Señor. 9Pues ¿qué agradecimiento podemos a Dios retribuir por vosotros, en todo el gozo que gozamos, por vosotros, delante de nuestro Dios, 10noche y día sobreexcesivamente pidiendo por ver vuestro rostro, y perfeccionar las deficiencias de la fe vuestra? 11Y el mismo Dios y Padre nuestro y el Señor nuestro Jesucristo enderece del todo el camino nuestro a vosotros. 12Y a vosotros, el Señor multiplique, y replete en la caridad a los unos para con los otros y para con todos; tal como también nosotros para con vosotros; 13para confirmar los corazones vuestros, irreprensibles, en santidad delante del Dios y Padre nuestro, en la parusia del Señor nuestro Jesucristo, con todos sus santos.
- a6Dándonos la buena nueva.