Cartas de san Pablo
Segunda epístola a los Tesalonicenses
1Por lo demás, orad, hermanos, por nosotros, para que la palabra de Dios corra y se glorifique; así como también entre vosotros, 2y para que se nos libre de los importunos y malos hombres; pues no de todos, la fe. 3Pero fiel es el Señor, que os confirmará y guardará de lo malo. 4Y confiamos en Señor, cuanto a vosotros, que, lo que hemos mandado, y hacéis y haréis. 5Y el Señor enderece vuestros corazones a la caridad de Dios y paciencia del Cristo. 6Y os mandamos, hermanos, en nombre del Señor nuestro Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que desordenadamente anduviere, y no según la doctrina que recibieron de nosotros. 7Que vosotros mismos sabéis cómo es menester imitarnos, pues no nos hemos desordenado entre vosotros; 8ni gratuitamente pan comido de alguno, sino en fatiga y afán, noche y día trabajando, para no gravar a alguno de vosotros; 9no, porque no tengamos potestad, sino porque a nosotros mismos por ejemplar diésemos a vosotros que imitar. 10Pues también, cuando estábamos entre vosotros, esto os preceptuamos: que si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. 11Pues oímos que algunos caminan entre vosotros desordenadamente, nada trabajando, sino ocioseando. 12Y a los tales preceptuamos y exhortamos, en Señor Jesucristo, a que, con quietud trabajando, su pan coman. 13Y vosotros, hermanos, no desmayéis bellamente haciendo. 14Y, si alguien no obedece a la palabra nuestra por la epístola, a éste señalad, y no os mezcléis con él, para que se avergüence; 15y, no como enemigo consideréis, sino amonestad como a hermano. 16Y el mismo Señor de la paz déos paz siempre, dondequiera. El Señor con todos vosotros. 17El saludo de la mano mía: de Pablo; que es señal en toda epístola; así escribo. 18«La gracia de nuestro Señor Jesucristo con todos vosotros».