Biblia de JünemannBiblia · Jünemann

Libros poéticos y sapienciales

Salmos

13

Castigo de los ateos e impíos.

Protege Dios al pobre, y a su pueblo; a quien revocará del destierro.

(Para el fin; salmo para David)

1Dijo el insensato en su corazón: «No hay Dios». 2Se han corrompido y héchose abominables en afanes, no hay quien haga bondad; no hay siquiera uno. 3El Señor, desde el cielo ha mirado sobre los hijos de los hombres, para ver si hay uno que entienda, o que busque a Dios. 4Todos se han extraviado; a la vez inutilizádose; no, no hay quien haga bondad; no hay siquiera uno. 5Tumba abierta, su garganta; con sus lenguas han engañado; veneno de áspides bajo sus labios; 6de los cuales la boca de maldición y amargura está henchida; veloces, sus pies para derramar sangre; 7quebrantamiento y desdicha, en los caminos de ellos; y camino de paz no conocieron; no hay temor de Dios ante sus ojos. 8¿Acaso no entenderán todos los que obran la iniquidad; los que devoran a mi pueblo por comida de pan? 9Al Señor no invocaron; allí trepidaron con temor donde no había temor; 10pues Dios, en generación justaa. Consejo de menesteroso habéis confundido; porque el Señor su esperanza es. 11¿Quién dará desde Sión, la salud de Israel? Cuando apartare el Señor el cautiverio de su pueblo, se alborozará Jacob y se regocijará Israel.

  1. a10Para favorecerla, y aterrar a sus enemigos.