Biblia de JünemannBiblia · Jünemann

Libros poéticos y sapienciales

Salmos

70

Implorando a Dios contra los enemigos.

(Para David, de hijos de Jonadab y de los primeros cautivos)

1Dios, en ti he esperado; no sea confundido por el siglo. 2En tu justicia líbrame y escápame; inclina hacia mí tu oreja y sálvame. 3Séme en Dios escudador, en lugar fortificado para que me salves; porque afianzamiento mío y refugio mío eres tú. 4Dios mío, líbrame de mano de pecador, de mano de prevaricador e injusto; 5pues tú eres mi paciencia, Señor; Señor, mi esperanza desde mi juventud. 6En ti me he afirmado desde el útero; desde el vientre de mi madre, tú eres protector: en ti, mi cantar siempre. 7Cual portento he sido hecho para los muchos; y tú, mi ayudador fuerte. 8Llénese mi boca de tu loor, para cantar yo tu gloria; todo el día tu magnificencia. 9No me deseches en tiempo de vejez; cuando desfallezca mi fuerza, no me abandones. 10Porque me han dicho mis enemigos y los que acechaban a mi alma, aconsejáronse en uno; 11diciendo: «Dios abandonóle: perseguid y cogedle, pues no hay quien liberte». 12Dios, no te alejes de mí; Dios mío, a mi ayuda atiende. 13Avergüéncense y desfallezcan los que calumnian a mi alma; cúbranse de vergüenza y confusión, los que buscan mal para mí. 14Yo, empero, siempre esperaré, y añadiré sobre todo tu loor. 15Mi boca anunciará tu justicia; todo el día tu salud; 16pues no conozco negocios. Entraré en el poderío del Señor, Señor, me acordaré de la justicia de ti sólo. 17Me has enseñado, Dios, desde mi juventud, y hasta ahora anunciaré tus maravillas; 18y hasta la vejez y decrepitud. Dios, no me abandones, 19hasta que anuncie yo tu brazo a toda la generación, la venidera, 20tu poderío y tu justicia, Dios, hasta lo altísimo, las que has hecho grandezas. Dios, ¿quién semejante a ti? 21Porque me has mostrado tribulaciones muchas y males; y, volviéndote, me has vivificado, y de los abismos de la tierra de nuevo subídome; 22multiplicado tu justicia, y, volviéndote, consoládome, y, de los abismos de nuevo subídome. 23Y también yo te confesaré, en cuerda de cantar, tu verdad Dios; te tañeré en cítara, Santo de Israel. 24Alborozaránse mis labios, tañéndote; y mi alma, a la que has redimido. 25Y además también mi lengua todo el día meditará tu justicia; cuando fueren avergonzados y confundidos los que buscan mal para mí.