Libros poéticos y sapienciales
Salmos
(Mesiánico)
Cristo quéjase de sus enemigos y de Judas.
(Para el fin; salmo para David)
1Bienaventurado el que cuida del mendigo y pobre: en día malo le librará el Señor. 2El Señor le conserve y felicítele en la tierra, y no le entregue en manos de su enemigo. 3El Señor le ayudará sobre el lecho de su dolor: todo su estrado has vueltoa en su enfermedad. 4Yo dije: «Señor, apiádate de mí; sana a mi alma, que he pecado contra ti». 5Mis enemigos hablaron mal de mí: «¿Cuándo morirá, y perecerá su nombre?» 6Y si entrabab para verc, gratuitamente hablabad, su corazón juntó iniquidad para sí. 7Salía fuera y hablaba en lo mismo, contra mí. 8Susurraban todos mis enemigos contra mí; excogitaban males para mí, 9palabra malvada dispusieron contra mí: «¿Acaso el que duerme no pasará a levantar?»e. 10Pues también el hombre de mi paz, en el cual esperé; el que comía mi pan, engrandeció sobre mí suplantación. 11Tú, empero, Señor, apiádate de mí, y resucítame y les retribuiré. 12En esto conocí que me has querido: que no se ha de alegrar mi enemigo sobre mí. 13Pero a mí, por la inocencia, acogiste y afianzaste delante de ti por siglo. 14¡Bendito Señor, el Dios de Israel, desde el siglo y por el siglo. Sea, sea!
- a3Dar vuelta el lecho es ablandarle cariñosamente.
- b6El enemigo.
- c6Verme, visitarme.
- d6Mal.
- e9El enfermo es Cristo. «Hagamos dicen sus enemigos, que no se levante, matémosle».